Me gustaría que mi blog trascendiera
al trabajo de una asignatura, que no pudiese encontrar pretextos para dejar de
actualizarlo, tener la motivación y el tiempo para mantenerlo activo y sobre
todo tener cosas que contar, porque eso significará que estoy viva y sigo
creciendo.
Mi deseo ahora, que ya han
concluido los exámenes es seguir aportando cosas útiles, reflexiones y
aprendizajes que puedan ser compartidos.
En este post, además de una
declaración de intenciones me gustaría constatar algunas reflexiones derivadas
el del estudio de la última asignatura: Comunicación y Educación.
¿Qué he aprendido? Estrategias y habilidades
para analizar textos, imágenes y sobre todo situaciones de comunicación, para
concluir en la complejidad de la misma y en las falacias y trampas que se
esconden tras un aparente proceso de intercambio comunicativo.
He prendido que la auténtica
comunicación es dialógica, basada en la interacción igualitaria. Ya que tras el
famoso feed-back no se esconde la veracidad de la igualdad, sino que ésta
reside en el feed-feed, que cada comunicador es a la vez emisor y receptor. ¿Es
posible este nuevo enfoque? La certeza que tengo es que es complejo y difícil y
la duda que me corroe es si es utópico.
He aprendido que la realidad como
tal no existe sino una interpretación de la misma, que no es posible la
comunicación, la opinión o la noticia sin contexto ni punto de vista y que como
ya dijo hace más de un siglo Nietzsche: no
hay acontecimientos, sino interpretaciones.
He comprobado existencia de oligarquías comunicativas que a veces de modo inocente y otras muy deliberado ofrecen informaciones que intentan adoctrinar, persuadir, manipular o engañar; y que cuanto más “natural e inocente” parece una mensaje o una imagen más “peligro entraña”
Y en este escenario complejo, y haciendo une ejercicio de transferencia del aprendizaje, he de concluir en que lo que yo percibo y lo que comunico está siempre teñido por la subjetividad e intención de tantas personas como hayan procesado esa información, captado esa imagen o elaborado el mensaje. Simplemente y como última reflexión para el quehacer cotidiano: La objetividad es la ilusión de que las observaciones pueden hacerse sin observador, por lo que no nos creamos nunca en posesión absoluta de la verdad, porque la VERDAD no existe